La metamorfosis de la adolescencia

la metamorfosis adolescenciaA muchos padres les gustaría que sus niños lo siguieran siendo durante toda la vida. Sin embargo, sabemos que eso es imposible. Cada persona nace, crece y se desarrolla como individuo, y para ello, ha de pasar por ciertas etapas vitales, con sus respectivos cambios y adaptaciones. Es Ley de Vida.

Uno de los cambios vitales más importantes de la existencia humana es la transición de la niñez a la madurez, con el obligado paso por la adolescencia. Esta metamorfosis, que suele comenzar aproximadamente a los 9 años con la preadolescencia, continúa con la irrupción de los cambios corporales y emocionales que provoca la natural “revolución hormonal”: la necesidad de autonomía y el individualismo, la preponderancia del grupo de iguales, los complejos y la inseguridad, la necesidad de aprobación, la reivindicación de gustos e ideas propias, las susceptibilidades emocionales... Son auténticas “montañas rusas” en plena acción. Todo ello puede provocar algún problema de adaptación al cambio, tanto por parte del niño como de los padres. Problemas que en algunos casos es necesario consultar con un psicologo adolescentes.

A partir de los 10 o 12 años y hasta los 17 o 18, comienzan a sucederse los grandes cambios para todos los miembros de la familia. Es especialmente relevante la preponderancia que adquiere el grupo de iguales en detrimento de la familia, en especial de los padres y hermanos. El adolescente comienza a ver al adulto como un ser extraño, con el que no comparte casi nada y que no le comprende en absoluto. Todo es relativamente normal. Sin embargo, ante cualquier alteración significativa que escape al control parental, la intervención de un psicologo adolescentes puede evitar la aparición de conductas disfuncionales.

Hacia los 15 años la personalidad ya está prácticamente formada y es a esta edad cuando el joven comienza una búsqueda imperiosa de su propia identidad. Aquí el grupo de iguales es especialmente relevante. Comienzan a tener más vida fuera de casa que en el propio hogar y sienten que solo sus amigos, aquéllos con quienes comparten sus señas de identidad, les entienden. Es un momento de mucha vitalidad. Rebosan energía y necesitan hacer muchas cosas. Es la etapa de la acción, no del pensamiento reflexivo. No obstante, todos estos cambios y conductas deben estar vigilados por el ojo de los padres, aunque a una distancia prudencial, pues es muy importante lanzar un SOS a un profesional de la psicología, especializado en adolescentes, a la menor señal de alarma.

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