Cómo vencer el miedo de iniciar algo nuevo

miedo a emprenderLas personas somos seres de costumbres, más cuanto más años acumulamos, por eso iniciar algo nuevo en ocasiones puede ocasionar miedos. Es una de las cuestiones que hace que las personas acudan a los psicólogos en busca de ayuda, pues esa barrera que nos impide avanzar hacia el cambio se encuentra necesariamente en nuestra mente, en nuestra psique, y es ahí donde comienza el cambio, donde hay que dar el primer paso hacia ese algo nuevo que nos asusta.

El primer paso para superar el miedo

Desde el punto de vista psicológico es importante identificar a qué le tenemos miedo. Es posible que en la lista no esté un factor solo, sino una amalgama de sentimientos como puede ser el miedo a fracasar, al qué dirán, a no alcanzar las expectativas… De hecho, es posible que incluso preguntado por un psicólogo sobre a qué le tienes miedo en la nueva disyuntiva que se plantea vayan surgiendo nuevas cuestiones a medida que se resuelven las anteriores, y es que el miedo es algo inherente al ser humano, forma parte de nuestra supervivencia, pero debemos dar el paso a pesar del miedo.

Luchar contra la ansiedad

Cuando el miedo a iniciar algo nuevo se somatiza en episodios de ansiedad es la hora de pedir ayuda profesional a un psicólogo. En ese momento nuestro cuerpo se está protegiendo ante una situación que le sobrepasa y a la que no puede dar solución. Es necesario evitar llegar hasta este extremo poniendo soluciones previamente a la cuestión que impide dar el paso hacia algo nuevo, hacia el nuevo camino que se quiere emprender, hacia el cambio que se avecina en la vida. No es necesario que sea un cambio radical, puede ser una simple rotura con la rutina, pero es importante si el miedo nos paraliza.

Motivación e ilusión

Si algo ilusiona, si se está motivado, convencido y se tiene aptitud para hacerlo se habrá conseguido dar un primer paso muy importante para vencer el miedo. Romper lo que los psicólogos denominan la “barrera del miedo” es algo que solo se puede conseguir cuando la persona tiene el suficiente impulso, ilusión y motivación para enfrentarse a las controversias que le pueda traer el cambio. Es algo que se hace porque se sabe o se está convencido de que al iniciar algo nuevo se tendrá beneficios. Hay un bien que nos espera y que está al alcance de la mano.

La metamorfosis de la adolescencia

la metamorfosis adolescenciaA muchos padres les gustaría que sus niños lo siguieran siendo durante toda la vida. Sin embargo, sabemos que eso es imposible. Cada persona nace, crece y se desarrolla como individuo, y para ello, ha de pasar por ciertas etapas vitales, con sus respectivos cambios y adaptaciones. Es Ley de Vida.

Uno de los cambios vitales más importantes de la existencia humana es la transición de la niñez a la madurez, con el obligado paso por la adolescencia. Esta metamorfosis, que suele comenzar aproximadamente a los 9 años con la preadolescencia, continúa con la irrupción de los cambios corporales y emocionales que provoca la natural “revolución hormonal”: la necesidad de autonomía y el individualismo, la preponderancia del grupo de iguales, los complejos y la inseguridad, la necesidad de aprobación, la reivindicación de gustos e ideas propias, las susceptibilidades emocionales... Son auténticas “montañas rusas” en plena acción. Todo ello puede provocar algún problema de adaptación al cambio, tanto por parte del niño como de los padres. Problemas que en algunos casos es necesario consultar con un psicologo adolescentes.

A partir de los 10 o 12 años y hasta los 17 o 18, comienzan a sucederse los grandes cambios para todos los miembros de la familia. Es especialmente relevante la preponderancia que adquiere el grupo de iguales en detrimento de la familia, en especial de los padres y hermanos. El adolescente comienza a ver al adulto como un ser extraño, con el que no comparte casi nada y que no le comprende en absoluto. Todo es relativamente normal. Sin embargo, ante cualquier alteración significativa que escape al control parental, la intervención de un psicologo adolescentes puede evitar la aparición de conductas disfuncionales.

Hacia los 15 años la personalidad ya está prácticamente formada y es a esta edad cuando el joven comienza una búsqueda imperiosa de su propia identidad. Aquí el grupo de iguales es especialmente relevante. Comienzan a tener más vida fuera de casa que en el propio hogar y sienten que solo sus amigos, aquéllos con quienes comparten sus señas de identidad, les entienden. Es un momento de mucha vitalidad. Rebosan energía y necesitan hacer muchas cosas. Es la etapa de la acción, no del pensamiento reflexivo. No obstante, todos estos cambios y conductas deben estar vigilados por el ojo de los padres, aunque a una distancia prudencial, pues es muy importante lanzar un SOS a un profesional de la psicología, especializado en adolescentes, a la menor señal de alarma.

Qué es el FOMO y como afecta

miedo a perderse algo"FoMO" (en inglés: Fear of Missing out) es el "miedo de perderse algo" y se refiere a la sensación de ansiedad ante el conocimiento de que algo emocionante o interesante puede estar ocurriendo en otros lugares y a otras personas.

La mayoría de la gente en un momento u otro han estado preocupados por la idea de que alguien, en algún lugar, está pasándoselo mejor, ganando más dinero o llevando una vida más emocionante. Para aquellos que son sensibles a tales sentimientos, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han hecho que en la actualidad sea más fácil que nunca hacer un seguimiento de lo que otros están haciendo.

Los medios sociales suelen inducir a ello de manera directa o indirecta usando la tendencia del ser humano de ser gregario. Hay aplicaciones de seguimiento, software para compartir actividades y muchas formas de conocer con exactitud dónde y con quién está cada cual.

Por supuesto, no hay nada malo en querer saber lo que hacen las personas que nos importan; el problema se genera cuando nuestro estado de ánimo, nuestros sentimientos o nuestro bienestar comienzan a depender de los comportamientos de nuestros amigos, familiares o conocidos.

Está claro que todavía no podemos comprender plenamente cómo las nuevas tecnologías afectan nuestra psique. En cualquier caso parece que están aquí para quedarse, por lo tanto, nos corresponde a nosotros como usuarios, averiguar dónde, cuándo y con qué frecuencia debemos usar estos productos y servicios.

Aquí van algunas sugerencias para mantener al FoMO bajo control:

Disfruta sintiéndote diferente, haciendo lo que te gusta y no lo que hace la mayoría o tus conocidos, vela por ti y tus propias necesidades sin que tu vida gire en torno a lo que quieren los demás. Asume que no puedes estar con todas las personas ni en todos lados que quisieras y goza del momento y de las pequeñas alegrías diarias.

No dependas de los medios sociales para planificar tu vida, en lo posible “desenchúfate” de ellos por un tiempo: una semana, dos o un mes. Desconecta de la vida virtual y despierta a las maravillas del mundo real.

Si te parece evidente que no podrás con el FoMo de forma individual, no temas pedir ayuda. Existen especialistas como los psicólogos, que podrán orientarte y darte las herramientas necesarias para que seas capaz de disfrutar de tu propia vida sin sentir que te estás perdiendo algo importante. Lo importante sin dudas eres tú.

La depresión, el mal del siglo XXI

la depresionEstá muy extendida la creencia de que la depresión es un mal superficial que únicamente afecta a un determinado sector de la población y en circunstancias puntuales. Sin embargo, se trata de una patología mucho más compleja y con especial impacto en las sociedades modernas. Por eso, en cierto sentido, se puede hablar de ella como 'El mal del siglo XXI'.

Más de 350 millones de afectados en todo el mundo

Según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 350 millones de personas en el mundo padecen depresión. Se trata de un trastorno mental más extendido entre las mujeres que entre los hombres pero que, en ambos casos, puede derivar en pronósticos graves y conducir incluso al suicidio.

Mucho más que un bajo estado de ánimo

Es muy común oír que alguien está deprimido o utilizar esta expresión para referirse a una situación dentro de la rutina diaria en la que nos sentimos algo más decaídos y con pocos ánimos para tomar decisiones y actuar en consecuencia.

Sin embargo, en la mayoría de los casos no estamos ante un verdadero cuadro de depresión. Un trastorno mental como este puede comenzar con síntomas puntuales como los anteriormente citados, pero se convierte en un verdadero problema cuando empieza a interferir en nuestra cotidianeidad haciendo imposible la interacción entre estímulos y respuestas emocionales de manera controlada.

La dificultad del diagnóstico

Los límites entre esos bajos estados de ánimo comunes y el comienzo de un verdadero cuadro depresivo a veces son tan difusos que resulta complicado establecer un diagnóstico claro.

Especialmente en las sociedades modernas y como consecuencia del desarrollo de conductas más individualistas, la depresión tiende a manifestarse con diversos grados de intensidad y duración. Amenudo se manifiesta especialmente en el ámbito familiar y el laboral, en los que somos más proclives a sufrir la presión del entorno y las limitaciones a la hora de ofrecer una respuesta a situaciones complicadas. También influyen en estos casos factores psicológicos y biológicos como el estrés o los transtornos del sueño y el apetito, que pueden ser tanto una causa como un efecto de la depresión.

En consecuencia, los especialistas médicos se encuentran en muchas ocasiones con dificultades para detectar las causas de esta patología, demorando la elección de un tratamiento y su puesta en marcha. Por todo ello, desde hace ya unos años se están desarrollando programas de prevención en terapias ecolares, familiares y laborales que reducen en gran medida el riesgo de que se manifiesten los síntomas de estos trastornos.

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