Seis consejos para conversar con tu hijo sobre situaciones difíciles o traumáticas

hablar con tu hijoHay situaciones y vivencias que son muy difíciles de asimilar y vivir para un niño: la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, sufrir un accidente, etc… ¿Cómo tratar en el niño estas y otras situaciones traumáticas?

Como concepto general, se pueden definir los traumas como situaciones negativas que sobrevienen de repente, cuando la persona aún no está mentalmente preparada para asumirlas. Como es lógico, pueden hacer mucha mella en los niños, ya que estos aún se encuentran en fase de desarrollo en muchos sentidos. Así, les puede resultar muy difícil recuperarse, y por ello es de vital importancia que la familia les proporcione apoyo emocional y estrategias para afrontar los problemas.

Una de las claves para ello es la comunicación. Contrariamente a lo que pueda parecer, hablar con ellos sobre estos temas cuando muestran inquietud, no tiene efectos negativos sobre su estado de ánimo. Más bien al contrario. Es muy importante que el niño exprese libremente sus miedos, sus angustias y en definitiva sus sentimientos. No es bueno forzar la situación y se recomienda dejar que él inicie el tema por voluntad propia. No obstante, siempre deberemos tener en cuenta su edad, para saber qué información se puede proporcionar y cómo hacerlo.

A continuación presentamos una relación de acciones simples y generales que, independientemente de la edad del niño, siempre permitirán ofrecer al pequeño el soporte emocional y afectivo que necesita:

  • Practica la empatía y evita hacer juicios previos. Ten presente que no existe una forma correcta o incorrecta de afrontar los traumas. Acepta la reacción de tu hijo. Muestra comprensión con los sentimientos que exteriorice y no los censures. Es fundamental dar a entender al pequeño que sus sentimientos tienen un valor.
  • Trata de devolverle un entorno de seguridad. Ante una desgracia, sin necesidad de una excesiva sobreprotección, debemos procurar hacerles saber que tienen sus necesidades cubiertas. No sólo las físicas, sino también, y sobre todo, las afectivas.
  • Practica la escucha activa. Interésate por sus sentimientos, hazle preguntas para que te explique e intenta captar los matices que quiere comunicarte. No te preocupes si el niño siente la necesidad de recrear la situación negativa o de revivirla, es natural. No temas aclararle o corregirle los conceptos que tenga mal entendidos.
  • Permítele la regresión, puntualmente, si es necesario. Por ejemplo, si una noche no quiere dormir solo y te pide pasar la noche en tu habitación.
  • Hazle ser consciente de que la situación es temporal y que superará el problema. Nunca des por hecho que el pequeño no va a recuperarse, aunque ello le lleve un largo periodo de tiempo.
  • Sé honesto. Si tú también has tenido emociones negativas durante el problema del cual habléis, no tengas miedo a expresarlo. Evita los eufemismos, y sobre todo, los engaños: los niños reaccionan realmente mal ante la falta de sinceridad.

¿Cuando debemos acudir a un psicologo infantil?

psicologo-infaltilEl ser humano, desde el instante de su nacimiento pasa por diferentes etapas de madurez y crecimiento, que hacen que educar sea una travesía llena de obstáculos. Cuando surgen dificultades con los hijos, algunos padres empiezan a preocuparse y se preguntan ¿Es necesario acudir a un psicólogo infantil o será un problema  del desarrollo que desaparecerá solo?

Antes de desesperarse, debemos tener en cuenta que los niños atraviesan por diferentes fases críticas a lo largo de su desarrollo. Por ejemplo, entre los 2-3 años muchos pequeños viven una etapa de negativismo y responden con rabietas cuando no satisfacen sus deseos. Con las normas adecuadas y mucha paciencia, esta fase se supera sin mayores complicaciones.

El sistema nervioso del niño no es suficientemente maduro hasta los 7 años aproximadamente. Antes de esa edad, es normal que le resulte difícil concentrar su atención durante mucho tiempo y que haya que repetir una y otra vez algunas órdenes. Además, deberemos tener presente la personalidad y el carácter del pequeño, que lo harán comportarse de manera distinta a los demás.

A veces los comportamientos extraños de los niños radican en los padres que exigen demasiado o sobreprotegen tanto, que no les permiten desarrollar sus habilidades.

Antes de pedir ayuda especializada:

  • Conversa con tu pareja ya que en ocasiones los comportamientos que el niño exhibe contigo no los muestra con los demás. Suele ser una necesidad de llamar la atención o la aplicación de pautas educativas inadecuadas.
  • Habla con la familia y/o la escuela pues son fuentes de información muy útiles.

¿Cuándo solicitar la ayuda de un psicólogo? En general, cuando los comportamientos de tu hijo disten demasiado de las conductas habituales de los niños de su edad.

Debes acudir al psicólogo infantil cuando:

  • Aprecies en el niño un cambio repentino, sin explicación aparente y lo notas triste, apático o muy irritable.
  • Tenga problemas para relacionarse o no tiene amigos.
  • Tiene miedo a estar solo y a menudo le cuesta trabajo conciliar el sueño.
  • Es excesivamente desobediente o presenta difíciles de manejar, como pueden ser la agresividad o un apego excesivo.
  • Tiene problemas en la escuela, le cuesta concentrarse o se aburre a menudo.
  • Presenta tics, obsesiones o trastornos físicos sin una causa médica, como dolores de cabeza, problemas dermatológicos y/o vómitos.
  • Sientas que no puedes manejar la situación y tienes la sensación de estar al límite, sin saber qué hacer.
  • Creas que pueda estar sufriendo acoso escolar.

En muchas ocasiones la intervención del psicólogo se dirige a orientar a los padres que haciendo cambios en las pautas de educación y sentirse más seguros a la hora de actuar, obtienen una respuesta favorable en el niño.

A veces puede ser conveniente pedir ayuda si sabemos que el niño tiene que enfrentar un cambio importante que lo puede desestabilizar, como es el caso de un divorcio, la muerte de una persona allegada o un cambio de ciudad.

La persona según la Terapia Gestalt (Entrevista a Claudio Naranjo)

¿Qué es la persona?

Yo diría que la persona para él es el equivalente al aquí y ahora. No le gustaba mucho destilar que en la persona hay un yo diferente de la experiencia. La persona y su experiencia son la misma cosa. El yo es el campo de la consciencia. El yo es el flujo de la experiencia. Es cierto que escribió un libro que se llama "Ego, Hambre y Agresión" (1942/2007); él usaba la palabra ego en un sentido más ligado a los mecanismos de defensa, a una función de interferencia con el organismo. Tomó más ese sentido de elemento neurótico que el elemento positivo que tomaron los psicólogos del ego, en la psicología inglesa sobre todo (...).

Muchas veces he citado una frase que él dijo en un taller en que también decía algunas cosas en respuesta a las preguntas que le pedía a cada uno que contestara, él dijo: “tengo ojos y no tengo miedo”, y yo muchas veces he dicho que ese es el presupuesto teórico fundamental de la Gestalt.

¿Por qué funciona la Terapia Gestalt?

Porque el terapeuta entiende lo que está pasando y no tiene miedo de actuar según lo que ve. Si ve que el otro está haciendo un juego ridículo consigo mismo, el terapeuta lo ve como en caricatura, desde su salud, y es capaz, por último, de reírse. Ya basta con que lo perciba y tenga la capacidad de exponerlo, eso tiene un efecto transformador, eso crea consciencia. ¿Por qué veía él tanto? Por su propio desarrollo, porque había llegado a cierta realización. Cuando venía gente a verlo trabajar, en el periodo de Esalen, venían de todas partes del país, después empezaron a venir de Europa también, como se viene a ver a un brujo, a un milagrero que hace cosas nunca vistas; se veía que entraba una persona y salía profundamente afectada, con una visión diferente de las cosas, o por lo menos muy conmovida y, así, una y otra vez. En las sesiones psicoanalíticas de aquella época la gente entraba y salía igualita; por mucho que se hablara, había que buscar a ver para qué sirvió la sesión. No era muy claro. Yo tenía mi oficina al lado del "Mental Health Institute", el estamento de salud mental en Washington; estábamos en California pero teníamos oficinas vecinas y estábamos ambos visitando el Instituto de Estudios de la Personalidad. Me decía que había invertido en grandes cantidades de film de sesiones terapéuticas psicoanalíticas buscando los momentos terapéuticos y el resultado fue muy pobre, y eso al lado del trabajo de Fritz, se veía a una distancia tan abismal. Después los gestaltistas han querido reescribir la historia de la Gestalt y han pretendido que Fritz no hacía terapia, cuando estaba en California, una cosa absurda, decían que lo que él hacía eran demostraciones. Como queriendo hacer desaparecer todo lo que hizo, y lo que hizo fue extraordinario. La gente aprendía algo de verlo trabajar. Yo aprendí Gestalt de verlo hacer Gestalt; aprendí de la Gestalt que recibía en mi cuerpo y que lo vi hacer en otros. Después quisieron los que lo sucedieron hacer cursos de Gestalt con mucha teoría, quisieron hablar mucho de Gestalt, pero generalmente perdieron la capacidad de hacer el tipo de Gestalt que hacía Perls.

(Extraído de La Terapia Gestalt y la presencia terapéutica de Fritz Perls: una entrevista a Claudio Naranjo (Ramírez Calderón, 2011; Universitas Psychologica)

 

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